Hoy vivimos un momento bisagra en la historia humana. Un punto de inflexión que se define exactamente en estos tiempos: o potenciamos nuestras capacidades biológicas, o las resignamos.
El arribo de tecnologías y hábitos digitales de forma masiva, fuerza a nuestras comunidades al sedentarismo y uso decreciente de las habilidades corporales y cognitivas.
El motivo es que, como nunca antes en la historia tenemos tecnología digital al alcance de todos. Y la posibilidad de delegar en ésta (robots, apps, software, IAs) parte de lo que siempre hicimos con nuestras capacidades naturales. Incluso decidir y pensar pasaron a ser delegables a entidades sintéticas, las IAs.
Todo lo que no usamos tiende al deterioro y desaparición, a largo plazo. Esta ley fundamental de la Biología nos deja en este contexto: o propiciamos nuestras habilidades y capacidades biológicas, o las resignamos como especie.
Por eso hoy es vital llevar los deportes que expanden capacidades al siguiente nivel: ponerlos al alcance de la mayor cantidad de gente posible.



Aquí entran los muros de escalada deportiva, los gimnasios y parques de calistenia, los espacios abiertos para runners, las rutas y caminos para ciclistas, las aguas abiertas para nadadores y náuticos, kayakistas, windsurfers, los cielos abiertos para paracaidistas, kite surfers, parapentistas y más.
Y por supuesto los valles, montañas, cumbres, laderas y paredes para escaladores y montañistas.



No se trata de reemplazar IAs por capacidades biológicas, o capacidades biológicas por IAs sino de complementar. Porque la decisión de qué seguir haciendo con nuestra biología, es nuestra. No de las máquinas.
Gonzalo Sayavedra